Dietas I: ¿Qué tienen en común?

Como os prometí, voy a intentar aclararos en qué consisten todas esas dietas “de moda”. Pero antes de empezar a describirlas una por una os daré unas pinceladas generales.

Estas dietas, que los nutricionistas y consultores nutricionales llamamos protocolos dietéticos, están diseñados con dos propósitos. Por un lado, se trata de evitar que nuestra comida nos dañe, pues una mala alimentación puede ser muy perjudicial. Por otro lado, se intenta dar las herramientas necesarias al cuerpo para que sane, se equilibre y alcance un nivel de salud óptimo. Sí, todo eso puede hacer nuestra comida. ¿No habéis oído la expresión “la alimentación es nuestra mejor medicina”?

Como ya os dije, recordad que no hay una dieta que sea buena para todo el mundo. ¡Siempre hay que individualizar!

Quiero puntualizar que dentro de este tipo de protocolos no se incluyen de una manera individualizada las dietas vegetarianas o veganas. Estas son elecciones personales totalmente respetables. En estos casos se adaptan los protocolos a los gustos, preferencias y circunstancias de cada uno.

¿Qué tienen en común todas estas dietas o protocolos?

Todas ponen especial énfasis en alimentos completos, integrales, naturales, de temporada, preferiblemente locales y en la medida de lo posible sin pesticidas. Es decir: evitar los alimentos procesados, precocinados o industriales que siempre están cargados de grasas trans, aditivos, edulcorantes, colorantes, aromas, azúcar, etc, etc, etc. Vamos, una buena comida casera de toda la vida.

En general todos los protocolos eliminan o restringen ciertos alimentos o grupos de alimentos y enfatizan otros. ¿Por qué?

Hay alimentos que pueden dañar al organismo de distintas maneras: pueden hiperactivar el sistema inmune confundiéndolo y haciendo que ataque lo que no tiene que atacar, como ocurre en las enfermedades autoinmunes y que no ataque a lo que sí, como bacterias o virus; también puede crearse un estado de inflamación crónica que favorezca la aparición de enfermedades como la obesidad, la hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares o incluso cáncer; puede crear desequilibrios hormonales y además afectar a nuestro sistema nervioso y a nuestras emociones.

No es ninguna broma, ¿no crees?

Pero por otro lado, hay componentes en los alimentos con efectos contrarios: que refuerzan y regulan al sistema inmune, que equilibrian nuestras hormonas, que nos ayudan a desintoxicarnos, que nos protegen de las  enfermedades crónicas, retrasan el envejecimiento, etc.

Así que comienza a pensar en lo que es tu comida para ti. ¿Está siendo tu medicina?