Felices y moderadas fiestas

Se acerca la navidad, es ya oficial. Inevitable. Lo intuíamos por aquellas luces de colores que adornan nuestras calles desde hace ya casi dos meses. Llevábamos tanto tiempo viendo renos, papa noeles y angelitos que creíamos que la espera era el propio fin, pero ya estamos… ¡y hay que celebrarlo! con ¿CENAS, COMILONAS Y RÍOS DE ALCOHOL?

Llevamos una buena temporada intentando cuidar de nuestra salud, por fin hemos encontrado una alimentación que nos funciona, ¿vamos a tirarlo todo al traste estas vacaciones?

De todas las celebraciones y eventos sociales con los que nos encontramos a lo largo del año, las navidades son quizás las fiestas que más se relacionen con la comida. Lo cierto es que suponen una bomba emocional de sentimientos  tanto positivos como negativos, y desde muy pequeños tenemos muy interiorizado aquello de que comida y emociones van de la mano.  De hecho la Navidad es una fecha límite en el calendario de muchos de nosotros, en la que ya se da por sentado que aparecerán kilos indeseados y postergamos para el nuevo año la recuperación de los excesos.

¡Pero no tiene por qué ser así!

Eso sí, siendo realistas, lo vamos a tener complicado. Así que afrontemos lo que nos viene con una dosis de realidad y sentido práctico.  Un estilo de vida saludable se hace día a día a lo largo de todo el año, así que no podemos permitir que entre todas las emociones que viviremos estos días se nos cuele la CULPA, ¡los sentimientos negativos no son nada sanos!

¿Y cómo desterrar la culpa? En primer lugar evitando el concepto de exceso, permitirnos ciertas licencias no significa que tengamos que entregarnos al desenfreno. Siempre insisto en tomar conciencia de aquello que consumimos, una alimentación consciente nos permite tomar decisiones, y eso quiere decir que valoramos, priorizamos y asumimos las consecuencias.  Eso quiere decir que si nuestra abuela nos ofrece su postre típico de navidad, ese que llevamos tomando cada año desde la infancia, ese bocado repleto de gluten, azúcar y mantequilla pero que en realidad sabe a amor, infancia e historia de vida, debemos valorar si aceptarlo o no, sopesar si realmente merece la pena. Y si es que sí, lo mejor es disfrutarlo. Comerlo despacio, saborearlo… e intentar no repetir… demasiado.

Una alimentación saludable no se basa en la culpa, la privación o hacerte sentir ansioso, sino en la elección consciente e intencionada. En una celebración hay muchos más elementos más allá de la nutrición: sentirse bien, conectar con los nuestros y nuestra tradición. Somos nosotros quienes decidimos si esos elementos ganan o no a nuestra nutrición (en ese momento particular y único).

Otra manera de evitar la culpa es ser previsores e intentar -dentro de lo factible- procurarnos alternativas lo más sanas posibles dentro del menú.  Tanto si somos nosotros los que preparamos la cena como si vamos invitados, podemos preparar un par de platos que puedan ayudarnos a evitar bombardear nuestro sistema digestivo y nuestro cuerpo.

Prepara platos que faciliten la digestión

Asegúrate de que siempre haya un plato que por un lado sacie tus expectativas culinarias, pero que por otro lado pueda ayudar a facilitar tu digestión. Un buen truco para estas fiestas o cualquier evento en el que haya que aportar comida es preparar siempre una alternativa salada y otra dulce. De esta manera tus necesidades estarán cubiertas y no te volcarás en el turrón por desesperación.

Prepara alguna ensalada especial y sabrosa o verduras asadas.

Evita los canapés con base de harina.

Elige guarniciones de verduras sobre las de patatas.

Un plato bien elaborado y presentado vale más que uno contundente. Lo mismo vale para los turrones y dulces típicos navideños trata de cortarlos en porciones pequeñas y preséntalos de una forma especial (con un buen cascajo, por ejemplo) .

¿Qué hacemos con el acohol?

Si bebes con el estómago vacío, aproximadamente el 20% se absorbe a través de las paredes del estómago (no por el intestino donde se absorbe casi todo lo que consumimos) y llega hasta tu sangre y tu cerebro en minutos. Esto produce tanto un pico en el azúcar en sangre como una disminución en la percepción. Mi consejo es que comas antes de beber.

Alterna con bebidas no alcohólicas y no bebas alcohol para mitigar la sed.

Desterrar la culpa no quiere decir perder el control 

Cuando veas algo que sabes que no te conviene comer pero no puedes evitar la llamada, prueba un poco, trata de saborearlo lentamente y comprueba cómo te hace sentir. Quizás la tentación era mucho más fuerte que la satisfacción que te produce el bocado en sí.

La digestión es un complejo proceso químico y fisiológico. Y puede alterarse con mucha facillidad. Para muchos de nosotros esta complejidad se traduce en alteraciones digestivas cuando de repente consumimos comida a la que no estamos habituados y que requiere la participación de diferentes encimas digestivas y procesos. Por otro lado, comer más de la cuenta puede producirnos dolores de barriga. Saber todo esto es la mitad de la batalla. Y viéndolo con perspectiva, si te moderas no solo disfrutarás de tus cenas si no del día después.

 

No te olvides sobre todo de pasártelo muy bien. ¡Feliz Navidad!

 

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