La alimentación como medicina

La alimentación como medicina

La dieta que llevamos puede ser nuestra peor enemiga. La ciencia ha avanzado asombrosamente en los últimos años en este terreno a la hora de  de demostrar las conexiones entre determinados hábitos alimenticios y sus repercusiones en nuestra salud.

Hoy en día todos sabemos que una dieta inadecuada puede favorecer e incluso causar múltiples problemas de salud. Sin embargo -y esto es lo maravilloso de la nutrición- la dieta puede ser nuestra mejor aliada para ayudarnos a recobrar el bienestar físico. Con los nutrientes adecuados podemos hacer frente a muchas de las dolencias que afectan a nuestra calidad de vida.

No se trata sólo del molesto sobrepeso (que también) sino de una gran variedad de afecciones que en gran manera tienen que ver con los alimentos que ingerimos: diabetes, trastornos digestivos, enfermedades autoinmunes, insomnio, depresión, ansiedad, desequilibrios hormonales, infertilidad, etc.

Muchas de ellas son enfermedades crónicas que revisten una cierta gravedad, pero en la mayoría de los casos nos habituamos a acarrear ciertas molestias que forman parte de nuestra cotidianeidad. Nos acostumbramos a las jaquecas diarias, a la fatiga extrema, los dolores articulares o a la pesadez de estómago sin darnos cuenta de cómo estos síntomas van deteriorando a la larga nuestro bienestar.

Desde la medicina se suelen afrontar estas enfermedades aplicando tratamientos dirigidos a paliar los síntomas. Siempre dispondremos de un analgésico para el dolor de cabeza (y haremos caso omiso a los efectos secundarios de su abuso) o cualquier otra pastilla para esos niveles que en la última analítica aparecieron descompensados. Hablamos de tratamientos que acaban convirtiéndose en crónicos. Aceptamos que la dolencia siempre estará allí y podremos mantenerla a raya siempre que no olvidemos tomar la dichosa pastilla. Es como si nos pasásemos la vida achicando el agua de una gotera, poniendo un cubo tras otro y siempre con el miedo de que se acabe desbordando.

Tras muchos años de experiencia como médica he llegado a la conclusión de que es necesario dar un paso más allá de los síntomas y dirigirnos a averiguar el origen de nuestro malestar. Es decir, busquemos la manera de reparar la gotera en vez de seguir recogiendo agua, y eso implica mirar más allá del charco.

Desde la nutrición podemos llegar al origen de muchas de estas dolencias y ayudar a nuestro cuerpo a emprender su propio camino hacia la sanación. Sólo tenemos que saber cómo hacerlo, qué hábitos alimenticios son erróneos o qué nuevos hábitos podemos adquirir para encontrarnos mejor.

Esa es mi misión como nutricionista, guiarte en ese proceso hacia la recuperación de la salud. Analizando tu dieta y proponiéndote cambios que se adapten a tu organismo y a tu estilo de vida.  Te ofrezco un servicio personalizado de asesoría nutricional encaminado a ofrecer consejos para un alimentación no solo equilibrada, sino rica en aquellos nutrientes que cada persona necesita en un momento dado de su vida.

Se trata de elaborar un plan que se adapte a ti, que respete tus gustos, tus preferencias o creencias para que puedas mantenerlo a lo largo del tiempo y sus efectos puedan reportar un verdadero beneficio a tu vida.

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