¿Son las grasas nuestras enemigas?

Las grasas tienen fama de ser malas para la salud, pero ¿es eso cierto? No. Hay muchos tipos de grasas y no todas son perjudiciales. Basta con decir que el 60% de nuestro cerebro es grasa y que la membrana de cada una de nuestras células también están hechas de grasa. Por lo tanto necesitamos incluir grasas en nuestra dieta.
Como he dicho, hay grasas buenas y grasas malas. Veamos cuáles entran en cada grupo:
Grasas saturadas: muchos pensarán que estas sí que son las malas. Sí y no. Las grasas saturadas se encuentran fundamentalmente en alimentos de origen animal. En pequeñas cantidades no son tan malas, especialmente si proceden de animales que han tenido una alimentación sana y espacio para moverse y hacer ejercicio, lo que en la actualidad rara vez es así.
Las grasas saturadas perjudiciales son aquellas que han sido tratadas industrialmente y que son las que encontramos en los alimentos procesados, precocinados, en la bollería industrial, etc.


Grasas mono-insaturadas: estas sí que las incluimos en el grupo de las buenas. El ejemplo clásico es el ácido oleico que se encuentra en el aceite de oliva y por muchos es conocido por su efecto cardiosaludable.
Grasas poli-insaturadas: también grasas buenas. En este grupo se incluyen los ácidos grasos esenciales, que son los omega 6 y los omega 3. Nuestro cuerpo no puede sintetizarlos y por eso debemos incluirlos en nuestra dieta. Estos ácidos grasos se deben consumir de una manera equilibrada. El problema es que en la dieta actual se consumen más omega 6 y menos omega 3 y es este desequilibrio el que causa problemas pudiendo contribuir a la aparición de inflamación, enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras enfermedades.
Los omega 6 se encuentran en gran cantidad de nuevo en la comida precocinada, industrial, en la bollería. En las etiquetas son las que viene bajo el nombre de grasas vegetales, que normalmente están parcialmente hidrogenadas o como grasas trans, lo que multiplica su efecto nocivo.
Alimentos ricos en omega 3 son los pescados y algunas semillas y frutos secos, como las nueces, las semillas de lino o de chía.

Por tanto, en nutrición lo importante no es la cantidad de grasa sino la calidad. Incluye en tu dieta grasas buenas: aumenta tu ingesta de pescado, de frutos secos y semillas y huye de los alimentos industriales ricos en grasas saturadas, hidrogenadas o trans, tan dañinas para tu salud.